Mariposas Amarillas

Se nos murió el Gabo un Jueves Santo. Creo que leí casi toda su obra, pero ya no pude con Memorias de mis putas tristes, ni con Vivir para contarla. Claro que el problema nunca fue su obra. Yo fui la que cambié. Ya no tenía paciencia para tardes eternas de un país tropical en las que el tiempo no pasa, ni para el acentico colombiano tan parecido al tico que fue parte tan importante de mí. Había que leer de merca, y de inteligencia emocional, y la última trilogía de moda para saber qué pasa antes de que saquen la movie.

Yo sí creo en Macondo porque lo viví en carne propia.

Un cuerpo frío a la puerta de mi casa

Hoy amaneció un cadaver en la puerta de mi casa.

Lo peor del caso es que ni siquiera estoy sorprendida. No es que acostumbre recibir cuerpos frios en la mañana, o por lo menos no desde que terminé con el “individuo”. Pero mi reacción flemática tiene más que ver con la ciudad en la que vivo, y menos con mi vida personal. Vaya, mi dia a dia es demasiado común aunque espero que no corriente. Pero vivir en Monterrey se esta conviritendo en un verdadero acto de supervivencia. La ciudad está secuestrada por la delincuencia organizada. Los que acá vivimos hemos modificado nuestros hábitos para acoplarnos a los que viven al márgen de la ley, y a lo que ellos dictan y deciden. Las autoridades hacen declaraciones vacías, sólo por el gusto de escucharse a sí mismos hablar.

>Regreso a Alajuela

>Algo extraño sucede cuando se regresa como adulto a los lugares de la niñez.

Hace poco tuve la oportunidad de regresar a Costa Rica. A Alajuela específicamente. Más adelante, contaré por qué y qué estuve haciendo. Pero ahora ese no es el tema. El tema es… ¿de verdad hay quien al regresar a los lugares de la niñez no se sienta desencantado? García Márquez en “Vivir para Contarla”, nos lleva a los lugares donde creció ya de adulto. Sin embargo, sí deja la impresión en la mente del lector de una gran nostalgia. Supongo que esa es la diferencia entre el Gabo y yo (bueno…. esa y muchas otras). Un alma artista se reencuentra con su pasado. En esta reciente visita, yo salí de Alajuela queriendo lavarme la sensación de pueblo chico con jabón.

Cuando era niña peregrinábamos los 45 minutos de la “Pista” de San José a Alajuela cada domingo. Y eso me hacía increíblemente feliz. Varias veces pasé en casa de mis abuelos Semana Santa, y el clímax de la semana era ver las procesiones de Semana Santa en las que una veintena de personas cargaban una estatua de un Cristo vestido de morado mientras que otros diez pelados enrollados en papel dorado y terciopelo rojo le hacían de centuriones romanos.

Este es el momento donde cualquier otro individuo se pondría a romantizar sobre los lugares de la niñez, la nostalgia y qué fácil es ser feliz cuando se es niño. Ejem… lo siento, yo no. No cuenten conmigo para reminiscencias baratas y para sentir admiración de con qué facilidad me entretenía yo en la niñez. Alajuela es un pueblo es-pan-to-so. (Perdón paisanos alajuelenses, pero se lo han ganado por no haber hecho NADA por su ciudad en casi treinta años). Y lo único que me queda claro es lo fáciles que les resultamos a mis papás mis hermanos y yo en cuestión de entretenimiento. Cuando pienso en las mamás de hoy en día que sufren ante la llegada de las vacaciones porque no saben qué hacer con los niños, me imagino a mi madre sonriendo para sus adentros de forma maquiavélica, pensando lo afortunada que fue al no tener que hacer nada con sus hijos más que irlos a parar en frente de un desfile que apestaba a incienso y que dudo que le haya hecho la competencia al Macy’s Thanksgiving Parade.

Y a la niña que fui… te mereces un ZAPE, Maria Fernandita. Agradece que en algún momento la curiosidad empezó a ganar terreno en tus intereses y que levantaste la nariz para pedir más de esta vida. Gracias a Dios que hoy puedo entretenerme de tantas otras formas, que mis sentidos se han desarrollado, que me he vuelto exigente con mi diversión.

No me dan envidia las almas que son felices con las cosas sencillas de la vida. Lo siento pero me parecen limitadas. Tanto que tiene que ofrecer este mundo, y contentarse con salir a tomar un helado el domingo después de misa. Quédense con su helado, este planeta es muy grande y la vida es muy corta como para recorrer las mismas 4 cuadras toda la vida.

>La divinidad de lo mundano

>La Divinidad de lo Mundano

Hay personas que tienen poco problema en encontrar su lugar en el mundo. Parece que nacen con una brújula integrada, y que ese compás siempre los lleva por el camino que los va a hacer más felices. Son totalmente superficiales y muy felices con su superficialidad. O son individuos profundos, almas complejas decididas a lograr su muy particular misión en esta vida.

Habemos otros, sin embargo, que padecemos un poco de “indecisión crónica”. Aquellos que apreciamos la importancia de la vida, pero que tranquilamente nos comemos unas puntas de ternera. Censuramos a los que usan pieles, pero somos felices las tardes de toros en la México. Queremos salvar al mundo, pero también queremos una buena fiesta. Nos preocupa nuestro desarrollo espiritual, pero ¡ah cómo nos gustan nuestros placeres mundanos!

Y es así que el título llegó a mí. Me queda claro que nunca seré de las personas que son simple y llanamente felices. Mi mente inquieta siempre se preguntará si estoy viviendo plenamente, si soy un ser iluminado, cómo meditar mejor y si no debería estar alimentando a los niños de la sierra. Mientras tanto, la diva dentro de mí va a salivar como perro de Pavlov al planear mi siguiente frívola vacación a Las Vegas.

Así que finalmente lo he aceptado y he tomado una decisión ejecutiva. No voy a ser hippie comeflores jamás. Pero tampoco puedo matar a mi conciencia a punta de patadas con zapatos de diseñador. Este “conflicto” mío, deja de ser conflicto este año. En lugar de ser división, se convierte en unión. Estos dos entes dentro de mí no me dividen, me integran.

Y así, al aceptar de lleno dos de las (muchas) facetas de mi personalidad, empiezo este blog. Acá espero dejar detrás de mí (necesidad de trascendencia) algo de lo mucho que me integra. Aunque no haya lectores, sé que participo activamente de este cyberespacio. Mi motivación también es dual: la necesidad de pertenecer a este universo es similar a la necesidad de sentirnos uno con lo Divino, mientras tanto también tengo esa necesidad de mis 15 minutos de fama que es tan típica de mi muy superficial y mundana generación.

>Puedes decirme Maestro

>Hemos terminado.
Hemos terminado.
Hemos terminado.

Necesito repetirlo tres veces, como Beetlejuice. No lo puedo creer. Después de 21 meses de desvelos, de no tener tiempo, de no contar con nuestros fines de semana, hemos terminado.

We’ve expanded our voices, we live off the script, the world is our stage and we walk the red carpet every day.
– Fernanda Meza