>Regreso a Alajuela

>Algo extraño sucede cuando se regresa como adulto a los lugares de la niñez.

Hace poco tuve la oportunidad de regresar a Costa Rica. A Alajuela específicamente. Más adelante, contaré por qué y qué estuve haciendo. Pero ahora ese no es el tema. El tema es… ¿de verdad hay quien al regresar a los lugares de la niñez no se sienta desencantado? García Márquez en “Vivir para Contarla”, nos lleva a los lugares donde creció ya de adulto. Sin embargo, sí deja la impresión en la mente del lector de una gran nostalgia. Supongo que esa es la diferencia entre el Gabo y yo (bueno…. esa y muchas otras). Un alma artista se reencuentra con su pasado. En esta reciente visita, yo salí de Alajuela queriendo lavarme la sensación de pueblo chico con jabón.

Cuando era niña peregrinábamos los 45 minutos de la “Pista” de San José a Alajuela cada domingo. Y eso me hacía increíblemente feliz. Varias veces pasé en casa de mis abuelos Semana Santa, y el clímax de la semana era ver las procesiones de Semana Santa en las que una veintena de personas cargaban una estatua de un Cristo vestido de morado mientras que otros diez pelados enrollados en papel dorado y terciopelo rojo le hacían de centuriones romanos.

Este es el momento donde cualquier otro individuo se pondría a romantizar sobre los lugares de la niñez, la nostalgia y qué fácil es ser feliz cuando se es niño. Ejem… lo siento, yo no. No cuenten conmigo para reminiscencias baratas y para sentir admiración de con qué facilidad me entretenía yo en la niñez. Alajuela es un pueblo es-pan-to-so. (Perdón paisanos alajuelenses, pero se lo han ganado por no haber hecho NADA por su ciudad en casi treinta años). Y lo único que me queda claro es lo fáciles que les resultamos a mis papás mis hermanos y yo en cuestión de entretenimiento. Cuando pienso en las mamás de hoy en día que sufren ante la llegada de las vacaciones porque no saben qué hacer con los niños, me imagino a mi madre sonriendo para sus adentros de forma maquiavélica, pensando lo afortunada que fue al no tener que hacer nada con sus hijos más que irlos a parar en frente de un desfile que apestaba a incienso y que dudo que le haya hecho la competencia al Macy’s Thanksgiving Parade.

Y a la niña que fui… te mereces un ZAPE, Maria Fernandita. Agradece que en algún momento la curiosidad empezó a ganar terreno en tus intereses y que levantaste la nariz para pedir más de esta vida. Gracias a Dios que hoy puedo entretenerme de tantas otras formas, que mis sentidos se han desarrollado, que me he vuelto exigente con mi diversión.

No me dan envidia las almas que son felices con las cosas sencillas de la vida. Lo siento pero me parecen limitadas. Tanto que tiene que ofrecer este mundo, y contentarse con salir a tomar un helado el domingo después de misa. Quédense con su helado, este planeta es muy grande y la vida es muy corta como para recorrer las mismas 4 cuadras toda la vida.

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