Hoy amaneció un cadaver en la puerta de mi casa.
Lo peor del caso es que ni siquiera estoy sorprendida. No es que acostumbre recibir cuerpos frios en la mañana, o por lo menos no desde que terminé con el “individuo”. Pero mi reacción flemática tiene más que ver con la ciudad en la que vivo, y menos con mi vida personal. Vaya, mi dia a dia es demasiado común aunque espero que no corriente. Pero vivir en Monterrey se esta conviritendo en un verdadero acto de supervivencia. La ciudad está secuestrada por la delincuencia organizada. Los que acá vivimos hemos modificado nuestros hábitos para acoplarnos a los que viven al márgen de la ley, y a lo que ellos dictan y deciden. Las autoridades hacen declaraciones vacías, sólo por el gusto de escucharse a sí mismos hablar.